En mi infancia, no era yo mucho de setas ni champiñones, ni de nada que se le pareciese. Es más, no quería ni oir hablar de probarlos.
Ya de mayor, recuerdo el día que, en un restaurante, un familiar pidió de primero unos champiñones al ajillo y no pararon de insistir que los probase. Cuando los probé, me dí cuenta que había pasado unos cuantos años odiando algo que estaba riquísimo!!!
Pues, si además, le añades unas gambas y huevo, sale un revuelto exquisito...





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