A casa llegaban en lata, y se convirtieron en una de mis cenas favoritas, junto con un buen tazón de arroz blanco.
Un día, en la pescadería del pueblo, una señora compraba calamares. Muy amable, le pedía al pescadero que se los limpiara, porque pretendía ese mismo día comer calamares en su tinta que se salían para chuparse los dedos.
¿Os imagináis qué pasó? ¡Claro! Le pedí la receta... enseguida me explicó y yo tomé buena nota.
Hoy, desde Spezialia, os lo cuento a vosotros.
¿Os imagináis qué pasó? ¡Claro! Le pedí la receta... enseguida me explicó y yo tomé buena nota.
Hoy, desde Spezialia, os lo cuento a vosotros.